BAILAR EN LA OSCURIDAD

Dancer in the dark
Si Lars Von Trier se caracteriza por algo es por la fuerza arrolladora de las imagenes que consigue captar con la cámara. Dancer in the dark es una buena muestra de ello.
Dancer in the dark cuenta la historia de una mujer que lucha contra todas las adversidades. Su única pasión, su hijo, es el motor que la impulsa a sobrellevar la pesada carga de la vida que lleva. Mientras su ceguera se agudiza todo a su alrededor se dispone de forma trágica.
Selma es una inmigrante en el país de las oportunidades por excelencia, los USA. Pero lejos queda ya aquel país que tanto significó para los pioneros y que dio un giro drástico en sus vidas, huyendo de la vieja y decrepita Europa.
Ahora, no sólo la mezquindad y el recelo de las gentes sino de las propias instituciones, se alían contra Selma y cualquiera que ose perturbar su paz ganada a punta de pistola. Este es uno de los puntos fuertes de la película, el empeño que ha puesto Lars en demostrar el estado caótico y contradictorio del país que lidera el mundo (algo que ha acentuado en sus posteriores películas).
Pero si el fondo cuenta un relato que es un mazazo para el espectador, la forma de contarlo es totalmente genuina. ¿Alguien ha visto alguna vez un drama/musical? Esta apuesta tan arriesgada de Lars parece totalmente gratuita. Una forma de desmarcarse del canon establecido como ya hiciera con el movimiento DOGMA. De hecho toma muchas de sus directrices, como la cámara al hombro. Sin embargo, en el contexto de la película, está plenamente justificado. ¿De qué otra manera podría Selma soportar dicha carga? Las escenas de baile están hechas con precisión, con giros bruscos y cambios de imagen muy rápidos que les dan un dinamismo inusitado.
Bjork hace un esfuerzo y un derroche de talento en el apartado musical. Su música impregna toda la película y le da un aura casi mágica, como si te transportara a otro mundo, como le ocurría a la propia Selma. Pero donde verdaderamente sorprende es con su actuación en la película. No hay concesiones, no existen ademanes exagerados ni excesos, como cabría esperar de una actriz primeriza. Muy al contrario, la contención y la veracidad es remarcable y esto significa que la película funciona. No me imagino cómo Lars pudo apostar por ella como la piedra angular de su film. Una apuesta tan arriesgada que ahora se antoja perfecta, viendo los resultados. Claro que terminaron echándose los trastos a la cabeza. Pero no es de extrañar tratándose de dos egos tan superlativos.
No me resisto a comentar la que para mí es la mejor de las escenas coreografiadas, la del tren. Es el tren el que marca el ritmo. La letra de la canción se desliza por las vías mientras la música y las imagenes nos trasladan a un estado de hipnotismo. Tal es su fuerza.