La saga del Padrino

El poder del Padrino
La saga del Padrino es todo un hito cinematográfico. Esto, que puede sonar a tópico, no es por ello menos cierto. Dicen que las claves se encuentran en ese clasicismo que impregnan sus imágenes y el discurrir de la trama. Se la ha comparado con obras de Shakespeare. Y algo de ello hay.
Pero sin duda, tener a alguien como Coppola, que tomó el proyecto como suyo propio, es señal de garantía de calidad. Italoamericano, como la mayoría del reparto así como a los personajes que interpretan, esta es una película que levantó mucha polémica en ese sector de Estados Unidos. De hecho, se evita decir en todo momento la palabra “mafia” en el metraje.
El binomio Coppola – Puzo nos dejó para el recuerdo escenas imborrables e interpretaciones magníficas de actores y actrices que estaban empezando. Sólo ahora se puede ver que la apuesta de Coppola fue fuerte y arriesgada. Y sólo él podría haberse atrevido a tanto, a hacer una película que quizá se quedara en sólo eso y que, sin embargo, llegó a tener dos partes más. Una trilogía que sigue los pasos de Michael, el menor de los Corleone, en su descenso a los infiernos.
Paradójicamente, esto es un trabajo comercial de Coppola que estaba dispuesto a recaudar dinero para su productora, American Zoetrope, y realizar proyectos particulares. Pero Coppola, infatigable en aquel tiempo, no se limitó a hacer una película común de gangsters, como la Paramount tenía planeado, sino que en el proceso se adueñó de esa idea y acompañado del autor de la novela, Mario Puzo, sentaron cátedra. En la historia, no sólo incluyeron el mundo de la mafia más estereotipado, sino que fueron más allá diseccionando el entorno familiar, piedra angular de ese tipo de sociedades, su relación con la política e incluso con la Iglesia. Y en el proceso, nos muestran el germen en la propia Sicilia, formando parte de la cultura de aquella tierra, arraigada desde hace demasiado tiempo.
Lejos de querer adoctrinar, todo ello se muestra de forma que no entorpece la continuidad del relato. Los hechos son los que son, y son ellos los que dictan sentencia. Al igual que la violencia, que se muestra sin tapujos y distorsiones. Es cruda y realista y hace torcer el gesto en más de una ocasión pensando en lo fácil que puede resultar matar a una persona.
Todo ello se conforma para presentar un relato épico, denso, donde la razón última es la familia. Y por ella, por su honor, por su orgullo y por su protección, se justifican todas las muertes. Así de simple, pero para Michael es otra pesada cruz a cuestas con cada decisión que toma.
La verdad es que se echa de menos a aquel Coppola…
23 Mayo 2009 a 17:24 pm
Excelente artículo.
Desde la nostalgia y el reconocimiento pones de actualidad este clásico, dan ganas de ponerse ahora mismo a verlo.
Sobre cintas de género negro ahora se estrena la peli “LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES”. Según parece los libros (la trilogía “Millenium”) están convirtiendo en una estrella a su autor póstumo. Aún no sé más, hasta que no le eche una hojeada..